Cuando “Huacará”, “El Ruco” o Máximo Gonzales Ríos, al final, el mismo personaje, llegó en el año de 1945 a la Esquina del Movimiento—el crucero de las calles Siete de Enero y Pedro Ruiz --, a los diecisiete años de edad, ya estaban allí, muchos años antes, músicos afamados de la talla de Carlos Olavarría, el mejor guitarrista de esa época; también los otros Olavarría, sus hermanos, El Gran Pancho Jiménez, conocido en todo el Perú como “El León del Norte” y don Manuel Mujica Grados que tuvo su famosa orquesta “Los Mujican Boys”.
“En el año 45, -- dice Gonzales -- yo alterné con Julio García Cáceres que era un magnífico saxofonista que tocaba acompañado de sus hijos. Estaba , también, Tito Balarezo, Leopoldo Cerna, los hermanos Colmenares y los hermanos Limo; José Falen Samillán, Antonio Medina Cimarrón y el “Zurdo” Agustín Arbulú, dos extraordinarios banjistas, al igual que Segundo Arteaga ( guitarrista). Por otro lado, el gran José Arbulú, que junto a Nicolás Seclén (la voz característica) fueron después integrante del famoso grupo musical “Los Mochicas”.
Mira – me dice – siempre se ha hablado de los músicos de la “Esquina del Movimiento”, pero muy pocos saben el por qué del nombre. Ocurre que este nombre se debe a la sugerencia de dos famosísimos artistas extranjeros que se encontraban de gira artística por nuestra ciudad. Uno era colombiano: Nelson Pinedo. El otro, cubano: Bienvenido Granda. Ellos habían llegado para actuar en el querido Teatro “Dos de Mayo”. Era el año de 1951 y, para esa actuación, llegaron al teatro un grupo de músicos para ofrecerle su saludo. Ese gesto nuestro los alegró y emocionó muchísimo. Dijeron que era la primera vez que un grupo de músicos les hacían ese tipo de cortesía. Yo aproveché para decirles que éramos los músicos de la esquina de las calles Siete de Enero y Pedro Ruiz. Fue en ese momento que Bienvenido Granda dijo que en su tierra, Cuba, había una esquina que se llamaba la “Esquina del Movimiento”. Al escuchar esto, Nelson Pinedo intervino diciendo que por qué en Chiclayo no le ponían el mismo nombre, ya que si en Cuba existía una esquina igual, Chiclayo también merecía tener su “Esquina del Movimiento”-- lo dijo muy seguro y entusiasmado. Recuerdo que al día siguiente -- dice el moreno Gonzales -- los diarios de esa época, “El Tiempo”, “El zepelín” y la “Abeja”, dieron la noticia. El público la leyó, la comentó por un tiempo y así quedó bautizado para siempre, ese espacio tan querido de Chiclayo, conocido por todas las generaciones venideras como “La Esquina del Movimiento”. Y música, maestro, a seguir con la jarana.
Los contratos que se hacían para tocar eran, generalmente, a partir del mediodía. Se animaban almuerzos, matrimonios, cumpleaños, aniversarios de instituciones, etc. Gonzales evoca que los grandes almuerzos que marcaron época fueron los que prepararon las más grandes cocineras que tuvo Chiclayo, doña “Bony” y la Panchita Roalcaba. Cómo olvidar el concolón de dos cocidas, que ellas preparaban, y que era una delicia. Tocábamos – dice Gonzales – en el Club de Tiro cuando era Presidente de esa institución don Eleodoro Landívar. Igual hacíamos jarana en el Club de la Unión, la Quinta Chocante, la Quinta casaretto, en el Aéreo Club, en el Círculo Departamental de Empleados, en la Sociedad Obreros Primero de Mayo, así como en otros locales conocidos de aquel entonces. Yo tocaba con Vicente Carranza (banjo) el popular “Lele”, Carlos Alberto Arenas (que había sido seminarista y que su chapa conocida era el “hay o no hay”, gran guitarrista, cantante y compositor, además de poeta). Otro era el negro Alday (guitarrista) que era chofer de la municipalidad.
Ahora, a mis ochenta y cuatro añitos, toco acompañado por Nicolás Balarezo Cachay, hijo de un gran guitarrista y cantante don Tito Balarezo Heredia y, al otro lado, el profesor Edilberto Santamaría Bances, ex Presidente de la Asociación de Músicos “Santa Cecilia”. Yo soy “Huacará”, el “Ruco” o, simplemente, su humilde servidor Máximo Gonzales Ríos. Toco todo lo que es percusión: batería, cajón, timbal, bongó y, si hace falta, cantó muy fuerte las canciones de mi Chiclayo querido y de mi Perú.
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